Agustín de La Barra
04 de Marzo de 2010
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por Agustín de La Barra |
Viéndola bien, tendríamos que sacarle el ADN a la democracia y luego compararlo con el ADN de los mexicanos porque, si como lo asegura nuestro peripuesto Secretario de Educación, la democracia mexicana es “tonta”, “tontos” hemos de ser los que orgullosamente nos ostentamos como mexicanos.
Que conste que solo estoy usando la frase de Lujambio para referirme a cómo hemos desvirtuado la democracia desde tiempos inmemoriales y la hemos acomodado a nuestra pequeñez, a nuestra tontería.
Veamos el caso de nuestras patrias pequeñas, refiriéndome, claro está, a Baja California Sur y Los Cabos y analicemos nuestro “comportamiento democrático” en este maravilloso terruño que nos enorgullece pero al que maltratamos diariamente.
El 11 de febrero escribí un editorial titulado ¡Arrancan!, en donde mencionaba yo algo evidente para todos los que le damos seguimiento al acontecer político de nuestra tierra: que la carrera para Gobernador de BCS y Presidente Municipal de Los Cabos ya había iniciado. Tal vez algunos pensaron que me estaba adelantando pero en las semanas posteriores la realidad, la “tonta” realidad democrática, me dio la razón. Con ese horizonte en puerta (las elecciones del próximo año) es que están operando todas las fuerzas políticas del estado y del municipio. “Tontos” nosotros si no lo vemos.
Pero, ¿qué es lo que en realidad está pasando?
Muy sencillo. Las fuerzas sucesorias están obligando a los grupos cercanos al poder y al partido hegemónico a tomar posiciones. El pleito es interno, como suele suceder cuando un partido carga con carro completo: le entra la soberbia, se olvida de los contrincantes electorales formales (otros partidos) y empieza el pataleo por debajo y hasta por encima de la mesa pensando que donde se dirime la sucesión es dentro del “grupo compacto” que ostenta el poder.
Mira que cierto es eso de que la democracia es tonta. Las fuerzas hacia adentro del PRD pueden no estar tan dequilibradas pero, por lo que se ha visto en las últimas semanas, lo más probable es que quien finalmente levante la mano en señal de triunfo sea el grupito de las “muy ocurrentes” calcomanías. ¿Será? Tal vez sí, tal vez no. Pero eso no les garantizará un triunfo en los comicios. ¿O sí? (Podrán darse cuenta mis lectores que mi chamba no está en el ámbito del pronóstico).
Sea lo que sea, los demás participantes de la fiesta política ya empiezan a darse cuenta y despiertan al llamado de las próximas elecciones que, aunque muy a destiempo, hacen ya rugir motores, declaran, se deslindan, fijan posturas, analizan en foros plurales, en desayunos, comidas, cenas y demás eventos el acontecer y, más que nada, se mueven para atraer la atención de ellos mismos (los políticos) para que, a la vuelta y vuelta, se descubran el rostro, armen alianzas y busquen lo único que les importa: el poder.
Esa es nuestra “tonta” democracia. Los políticos poderosos sintiéndose invencibles por más rupturas que generen ellos mismos entre ellos mismos. Los políticos menos poderosos “milando” como chinitos para ver donde anda la “pesca del día”. No parece ser algo muy democrático y si parece ser algo muy “tonto”.
Porque si los electores (y aquí por favor no se me ofendan; si ustedes se sienten “brillantes” interrumpan la lectura), estos ciudadanos cabeños, sudcalifornianos y mexicanos “tontos”, hijos de una democracia “tonta”, lo único que vamos a hacer es ser testigos de las patadas, las mentadas, las acusaciones, los destapes, los abrazos y demás menú que nos recetan los cocineros de la “democracia”, estaremos refrendando aquello de que “tendremos los gobernantes que nos merecemos”. Será entonces nuestra culpa el que acabemos tragando lo que tanto nos molesta. Porque a mi, no se a ustedes, lo que me importa son las siguientes preguntas, entre otras, y sus respectivas respuestas:
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Quién está a favor y quién en contra de las invasiones.
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Quién quiere promover la inversión productiva.
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Quién tiene el currículo adecuado para guiar las acciones de gobierno.
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Quién se preocupa por generar empleo.
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Quién parece que no tiene cola que le pisen.
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Quién defenderá nuestro medio ambiente, nuestras playas, nuestros mares, nuestra flora y nuestra fauna.
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Quién usará el puesto para servir a la gente, no a sí mismo o a su entorno político o familiar.
Sin embargo, y la verdad sea dicha, ¿QUIÉN SERÁ EL BUENO? nos preguntamos con mayúsculas para, sabiendo de antemano, estirar la mano y obtener la prebenda, la chamba, el terrenito, el apoyo, la acción paternal que se encargue de ese infantil deseo de que alguien se ocupe de “mi”.
Todos somos tontos porque pensamos que el voto nos va a servir, cuando solo le servirá al líder sindical, al líder de la colonia, al líder de burócratas que prometen votos como moneda de cambio, a cambio de “vaya usted a saber qué”.
Los que nos sentimos libres de ataduras para votar y ejercer nuestra democracia somos re-que-te tontos porque nos vamos a la cargada sin tomar en cuenta cual es la mejor opción sino la que mas “me conviene”. Mejor nos quedamos de “tontos” esperando que nuestra “tonta” democracia nos “oriente” de por dónde viene el viento, para adherirnos al posible triunfador, no se vaya a molestar con nosotros una vez que llegue al poder por no haberlo apoyado.
Somos tan tontos que ni siquiera nos hemos dado cuenta de que nuestro voto, bendita democracia, es secreto.
Agustín León de la Barra
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