Jesus Corral
07 de Marzo de 2010
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por Jesús Corral |
En diversas reuniones en las que he estado recientemente, la constante preocupación parece ser el futuro de nuestro destino.
Hemos iniciado ya el tercer mes del año y la percepción generalizada es que el turismo no ha acabado de repuntar lo que por razones obvias genera inquietud.
Creo que si buscamos pretextos encontraremos varios, sin embargo también creo que vale más la pena razonar y ocuparnos en la forma de incrementar los flujos y sobre todo que se dé el gasto por turista, la derrama económica, y que tarde o temprano se refleje en una mejoría de la calidad de vida y los ingresos de la población en general.
Es muy bueno ver gente caminando en las calles, es muy bueno verlos entrando a las tiendas o haciendo preguntas por aquí y por allá, pero mejor sería verlos con esa misma sonrisa y una bolsita de compras.
Las cifras proporcionadas por diversas entidades turísticas a nivel Internacional, Nacional, estatal y local, todavía no son lo que quisiéramos escuchar, no se han dado en términos de ocupación de aviones (load factor), no se han dado en número y frecuencia de vuelos (obviamente estos responden a condiciones de mercado), no se han dado en ocupación hotelera o en términos de inversión y gasto promedio por turista.
Sin que suene a frase gastada, hay que recordar que Confucio decía que la gloria más grande no consistía en no haberse caído nunca, sino en haberse levantado después de cada caída.
El caso de los Cabos no es ajeno a esta filosofía, lo que pasa es que por muchos años se gestó una soberbia gigantesca en la que la humildad del destino ni se asomó, lo que nos hizo pensar que los niveles de ocupación serían permanentes y que nada ni nadie los afectaría poniendo todos los huevos en una sola canasta, no solo en materia de turismo, sino en cuestión de mercado ya que fundamentalmente los esfuerzos se orientaban al mercado norteamericano con una gran preferencia por la costa oeste.
La diversidad y la pluralidad de mercados, abrirían nuevas oportunidades que no podemos ni debemos desdeñar. Si queremos abaratar los costos de vida en Los Cabos (y no me refiero a bajar las tarifas hoteleras, - lo cual sería un error -) debemos pensar en abrir nuevas líneas de actividad económicas, tales como la agricultura, la ganadería, la transformación pero por supuesto todo ello en un marco de sustentabilidad.
Si para empezar un gran proyecto se requiere de valor, para concluirlo se necesita perseverancia, y esta tiene muchas acepciones, aun en épocas difíciles.
Hace un momento mencionaba la humildad. Esta palabra me hace pensar que no por tener 11 de los mejores campos de golf del país o la flota de pesca deportiva más grande del pacifico mexicano, o una gran selección de chefs internacionales que garantizan increíbles experiencias culinarias, o la misma variedad de actividades náuticas y extremas que rodean nuestras maravillosas playas, harán por si solas que el turismo regrese. Debemos entender que la competencia es cada día más feroz y que la competitividad de los diferentes destinos entendida como la capacidad de atraer y retener la inversión se debe precisamente a la carencia de situaciones de soberbia y a un verdadero trabajo de equipo, de sus organismos turísticos cupulares, cualesquiera que estos sean, así como un verdadero apoyo gubernamental.
Definitivamente nada es para siempre; dicen que no hay mal que dure cien años, ni p…. que los aguante, pero no vaya siendo que nos quedemos como el chinito nomas milando, por no haber actuado a tiempo.
Creo que la mejor publicidad sobre Los Cabos, no está en el mejor anuncio de medios, sino en la mejor impresión que el turista se pueda llevar y multiplicar por siete cada vez que se refiera a sus vacaciones.
¿o no?
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